He decidido que no quiero ser esa chica que se ríe por todas los chistes fáciles, que posa en los fotos con postura hiperlordótica y pone morritos, no quiero ser la que se tenga que subir los pechos con un sujetador apretado y llevar los pantalones ajustados hasta no poder respirar.
En cambio, sí quiero gustar, no quiero morirme sola y desesperada en un apartamento, lleno de gatos para después ser devorada por ellos. No quiero pasar noches suspirando por alguien que no existe o abrazar a la almohada cada vez que me sienta vacía.
Pero en contraposición, no quiero ser una marioneta, no quiero cambiar y convertirme en algo que no soy para salir de ese pozo oscuro y silencioso que es la soledad.
¿Hasta dónde somos capaces de aguantar?, ¿nuestra paciencia tiene un límite?,¿ somos capaces de esperar media vida a que alguien nos aprecie tal y como somos?.
Sí, son demasiados complejos y preguntas contenidas en un cuerpo tan pequeño y vulnerable, pero pese a todo ello, cuando me paro a pensarlo fríamente, quiero seguir siendo como soy:
La tonta que llora con películas o que llora de felicidad, la que espera impaciente una llamada de teléfono o la que se imagina detalle a detalle cómo será el beso, la cita, la declaración ideal y romántica que ha estado buscando desde que tiene uso de razón.
No soy ni maquillaje, ni un pintalabios rojo, ni un escote pronunciado ni una conversación banal, ni tampoco, aunque me encante, un polvo embriagador y turbio de una noche de borrachera. Soy y puedo ser mucho más; una conversación interesante y profunda, una chica divertida y sin miedos, un cajón lleno de recuerdos y curiosidades, una mente soñadora y con expectativas para el futuro. Soy más que una simple fachada y más que un bonito vestido o unos tacones de infarto.
Y aún así, cuido mi fachada, procuro no aburrir en exceso con mis desvaríos y teorías estúpidas, procuro estar espectacular para la ocasión y ser perfecta en todos los sentidos, como si no hubiese nada más allá de este cuerpo, cansado e iluso, que procura saciar la sed de otra persona.
Pero también soy dudas e incertidumbres, miedo y descontrol, desfase y éxtasis, neuras y montañas, mares de obsesiones e impaciente y nerviosa y desesperante y aburrida y obcecada, pero sigo siendo yo, aunque mi carcasa pueda llegar a nublar mi ser, aunque las inseguridades no me inhiban del todo de este montón de huesos y carne, aunque no consiga hacer que alguien me añore o me desee o me quiera, pero sigo siendo yo.
Y si algún día, el destino o la suerte o lo que quiera que sea, hace que no tenga que perecer sola, quiero que sea porque fui tal y como soy, con mis defectos y virtudes, YO y todo lo que ello conlleva.
Pero mientras tanto, el dolor ficticio no superará al real y esperaré todo aquello que anhelo.
“Stat rosa prístina nomine, nomina nuda tenemus”
Dejar un comentario hasta ahora
Deja un comentario
